Las Cavernas sin
Tiempo.
En el pasado mítico
del mundo bordemarino, La Gran Batalla de las Culebras resultó ser el mayor
acontecimiento mágico y telúrico que sufrió el continente y sus antiguos
habitantes.
Después de tanta
destrucción a nivel marino y terrestre, ningún cerro, monte, pastizal o montaña
volvió a tener la misma apariencia y amplitud. Los senderos de antaño se
perdieron y la flora y fauna sufrieron una alteración irreversible. Ninguna
criatura pudo escapar a la influencia y el caos del nuevo y renovado paisaje. Grandes
masas de tierra fueron removidas hacia otros lugares, dando forma a incontables
accidentes geológicos que obligaron a revisar la cartografía dibujada en las vitelas
de los hechiceros más eruditos.
Algo idéntico sucedió con las costas. En la
mayoría de las playas, la braveza del oleaje sepultó completamente todo
vestigio de las arenas, y de ahí en adelante las peligrosas marejadas empezaron
a reventar sobre la maleza de los campos circundantes. La visión de árboles y
arbustos sumergidos hasta la mitad, fue algo a lo que los seres humanos
debieron acostumbrarse sin remedio. Pasarían varias décadas antes de que el
nivel del mar retrocediera, volviendo a su cauce original.
Mientras tanto, las
dos culebras gigantes se retiraron a lo más recóndito de sus respectivos
reinos.
El hastío y agotamiento
de la guerra había hecho colapsar la potencia de sus inigualables fuerzas. Lo
único que anhelaban era sumergirse en un profundo letargo y descansar por toda
una eternidad. Ambas habían llevado sus poderes y su furia titánica hasta
límites aberrantes, y parecía que la naturaleza se empezaba a vengar de tal
atrevimiento infringiéndoles aquel cansancio extremo. Así fue como se
despidieron de sus adeptos y sirvientes, cada una a su particular manera. Tanto
en la superficie como en el océano se eligieron líderes y se otorgaron
obsequios y recompensas mágicas. Así mismo, se decretaron y dejaron
instrucciones precisas sobre cómo proceder en el futuro respecto al insidioso comportamiento
del bando enemigo; y lo más importante, cómo deberían ser recordadas las diosas
por sus respectivos seguidores y relatores de leyendas místicas.
Toda esa etapa de
promesas, desacuerdos, y diligencias al borde de nuevos pleitos y forzadas
reconciliaciones, tuvo sus propios villanos de turno y héroes luminosos. Raico
(sobrenombrado como el Gran Esbirro), Mallea (la primera hechicera Voladora) y
Trakón (el cazador de Basiliscos) pasarían a la historia oral como los
inolvidables gestores de la alianza entre el mar y la tierra, en un evento que fue
conocido como la promulgación de El Pacto Bordemar.
Pero hubo algo que
escapó del escrutinio de Kai Kai y Ten Tén; algo que ni la sagacidad de los
dioses del mapu alcanzaron a prever en su perfecto universo.
Debido al cataclismo
propiciado por las ancestrales Culebras, parte de sus energías vitales quedó
atrapada en algunas zonas ocultas del territorio y ambos vestigios palpitantes…
se fusionaron. La fortuita amalgama de poderes dio como resultado la creación
de unos estrechos agujeros recubiertos de piedras y rocas volcánicas, que
condensaron una peligrosa y desconocida hechicería capaz de remecer los
cimientos del mundo. Semejante fuente de magia fue detectada de inmediato por
los oscuros Wekufes, quienes al fin vieron una oportunidad para reconstruir su
dominio perdido. Esos lugares lúgubres y escondidos al ojo humano, fueron atesorados
celosamente, pues por medio de sus epicentros se podían alterar las leyes de la
naturaleza; sobre todo, en lo concerniente al espacio y el tiempo. Años
después, aquellos antros serían conocidos como Las Cavernas sin Tiempo, la
guarida de los brujos renegados y los espíritus malignos.
Se cuenta que las
Voladoras transformadas en baudas fueron las primeras en hallar la entrada a
una de esas catacumbas naturales tallada en piedra. Aunque también existen
versiones que aseguran que fueron los mismísimos Wekufes los que las guiaron
con toda clase de engaños e ilusiones para hacerles creer su protagonismo en el
hallazgo. Al entregar su insólito informe a los ancianos Agoreros que habían
quedado a cargo de la voluntad de la dormida culebra Ten Tén, éstos las dejaron
al margen de semejante descubrimiento y enviaron a realizar una profunda y
minuciosa exploración a sus más preparados Esbirros. Semejante desprecio
ocasionó que el grupo de mensajeras empezara a mirar con enorme desconfianza a
los supuestos sabios de las aldeas humanas.
Pronto, el misterio
de otras Cavernas surgiendo por las tierras bordemarinas trastornó el quehacer
de quienes se dedicaban a la magia. Más todavía, cuando fue evidente que las malditas
cuevas se desplazaban, cambiando de lugar.
Fue entonces cuando
los Wekufes supieron que contaban con todas las posibilidades para ganar la
verdadera guerra espiritual que ocultaban las mitologías de los pueblos humanos.
Fue entonces cuando
sus marionetas entraron en acción.