La Playa Prohibida.
Los primeros y más
antiguos habitantes del mundo bordemarino coexistían perfectamente en la vasta
geografía de suelos y mares que rodeaban los límites de sus asentamientos. Para
ellos, el balance entre las fuerzas oceánicas y terrestres era un regalo donde
sus hijos podían crecer y desarrollarse en armonía y paz. Adentrarse en el mar
en busca de peces y moluscos era tan rutinario como recolectar frutos en los
montes o sembrar y cosechar otros alimentos trabajando la propia tierra. Sin
embargo, aquella idílica realidad cambió y colapsó cuando se inició el catastrófico
periodo denominado La Gran Batalla de las Culebras.
Años después de la
derrota de Kai Kai Vilú (el espíritu de las aguas que quiso erradicar la vida
de los seres humanos), el acceso al océano quedó casi completamente restringido.
Se trató de una de las más emblemáticas consecuencias derivada del conflicto
entre las potencias de tierra firme y las del fondo marino. Los habitantes de
las diversas tribus isleñas, se vieron obligados a trasladar sus asentamientos hacia
el interior de los bosques, a los lugares más profundos de la espesura y los
cerros circundantes. El modo de vida de los clanes cambió drásticamente, y
resultó ser un proceso muy difícil de asimilar, porque muchos de ellos estaban
acostumbrados a incluir en su dieta alimenticia los productos que extraían de
las costas. Ya no podían hacerlo. Las orillas estaban custodiadas por los
espías y sicarios del Millalobo, el rey que Kai Kai había dejado como su
sucesor. Acercarse al oleaje, significaba una muerte casi segura.
Fue necesario el
paso de innumerables siglos para que las nuevas generaciones de humanos se
atrevieran a construir pequeñas embarcaciones e incursionaran los territorios
marítimos tal como sus ancestros habían hecho antes del Alzamiento de las
Aguas. Pero aún entonces, las playas siguieron siendo zonas prohibidas para la
gente y los animales mamíferos. Sólo de vez en cuando los Esbirros y Agoreros
más audaces se aventuraban a desafiar el peligro y arrojar hechizos de venganza
en las arenas donde empezaba el reino del Millalobo.
Las décadas
siguieron su curso, y una tras otra se sucedieron toda clase de escaramuzas,
alianzas impensadas y breves treguas entre los seres y las criaturas de ambos
ecosistemas. No obstante, ninguno imaginó que alguna vez los alcanzaría el
poder y la influencia de un desconocido enemigo externo. Un enemigo llamado mundo civilizado.
Con el inminente
arribo y navegación de los grandes barcos de los conquistadores venidos de
otras latitudes del orbe, la dimensión mágica del universo bordemarino se
empezó a resquebrajar sin remedio. El mar y la tierra se vieron envueltos de
improviso en otra realidad, que nada tenía que ver con su historia mítica y sus
fabulosas creencias ancestrales. Fue el comienzo del fin.
Y en esa época, se gestaron los acontecimientos aparecidos
y relatados en “Machitún”.