Garilé.
Garilé pertenece a
la raza de los antiguos canibilos, aquellos seres de apariencia antropomorfa
que surgieron desde lo más inescrutable del abismo acuático, gracias al poder
vivificante de la gigantesca culebra Kai Kai Vilú. Ella misma los imaginó, los
invocó, los moldeó y los hizo multiplicarse en el vaivén de las torrentosas
corrientes submarinas. Y Garilé fue parte de aquella camada primigenia que empezó
a poblar el vasto mundo bajo las aguas.
Al igual que sus
miles de hermanos, desde que Garilé tuvo conciencia de su realidad, dedicó su
total existencia al servicio y la adoración de su diosa creadora. Pero algo
hubo en él (una señal velada, una marca secreta, un signo premonitorio), que
hizo que Kai Kai se fijara en su modesto devenir. Mientras otros canibilos eran
elegidos para formar expediciones y conquistar nuevos territorios más allá de
los límites conocidos, ella lo vio a él. Mientras otros canibilos desarrollaban
una ciencia arcana con los elementos del agua y otros ya empezaban a cultivar lo
que en décadas postreras pasaría a llamarse magia marina, ella lo vislumbró
como un potencial que urgía ser manifestado y explotado en el menor tiempo
posible. Y la oportunidad propicia llegó cuando se iniciaron las revueltas con
el mundo de la superficie y se gestó el polémico Alzamiento de las Aguas.
El urgente llamado
a la guerra y la destrucción, provocó que Kai Kai preparase un ejército de toda
clase de criaturas marinas, entre las cuales un millar de canibilos se
destacaba por su orden, organización y logística. Fue entonces cuando Garilé
fue nombrado Adalid Weichan de una de las sinuosas escuadras de feroces combatientes.
En los primeros enfrentamientos con las fuerzas terrestres, quedó más que claro
que Garilé era un excelente estratega trazando planes, emboscadas y estilos de
lucha contra los odiados bípedos. Sus campañas contra los seguidores de Ten Ten
Vilú, fueron inolvidables.
Una de sus mayores
y más celebradas ocurrencias, fue la de sembrar el subsuelo de gran parte de
las islas y el continente con racimos de huevos de camahuetos a punto de
madurar. La tarea resultó muy peligrosa para quienes manipulaban las esferas
ovoides, pero fue llevada a cabo sin ningún muerto y de manera impecable.
Cuando la gestación hizo estallar los cascarones, los habitantes de la
superficie vieron con horror como desde la espesura de los montes surgieron
esos engendros de destrucción. La imaginación bélica de Garilé, no sabía de
límites.
Pero años antes del
Pacto Bordemar, Garilé desapareció sin dejar rastro alguno. Su pérdida
significó un duro golpe al fanatismo territorial de las legiones del rey
Millalobo. Se barajaron diversas conjeturas, pero nadie logró dar con los
motivos exactos de su ausencia voluntaria o forzada.
Desde entonces, su
búsqueda fue una misión pendiente en todo el océano. Los canibilos originales ya
se habían exterminado, y las nuevas generaciones de su raza pasaron a ser
nombrados como los sumpall. Garilé se convirtió en un símbolo a imitar. Él
había estado presente en el Alzamiento de las Aguas y también había luchado en
La Gran Batalla de las Culebras; y a pesar de la traumática derrota, sus éxitos
personales lo habían transformado en toda una leyenda.
Cuando
prácticamente no quedaba un resquicio de esperanza, el uso de un instrumento
mágico llamado komotuwe logró el milagro. Los hechiceros marinos por fin
descubrieron sus huellas: el anciano Garilé aún vivía en una zona remota y
maligna conocida como el Mar de las Voladoras.
Fue entonces cuando
el príncipe Pincoy envió a tres de sus mejores hechiceros (Pen, Kirke, y Ewem),
montados sobre el lomo de un kawellu, para traer de regreso al antiguo y
experimentado Adalid Weichan.
Y así se iniciaron
los acontecimientos en el comic “Machitún”.